Carles Puyol: La vida privada del hombre con máscara

Lejos de su imagen de adusto y distante, su adiós deja entrever a un hombre paternal, próximo y muy cariñoso

“La suerte es para quien la busca con valentía e ilusión y no conozco a nadie que haya luchado tanto como él”, asegura su exnovia

Carles Puyol: La vida privada del hombre con máscara

En El largo adiós, Raymond Chandler escribe: “No seas un héroe chaval, no sacarás rédito”. La cita es buena, pero no encaja con Carles Puyol, 36 años, a quien la vida le ha sonreído después de decirle no muchas veces. Pero no le importó y siguió adelante. Su historia oficial es conocida, la más íntima, no. Al principio fue el Litos, soñaba con ser portero del Barça, se daba unos barrigazos… Luego fueCarles, el que se rompía la cara con los rivales, le ponían una máscara y ofrecía la otra mejilla. Después fue Puyi (nombre de emperador chino, reza el Evangelio según San Bertolucci). Puyi el que marca territorio, el que conquista con su esfuerzo. Siempre ha sabido que su peor enemigo era relajarse.

Es extraño que nunca hayan sacado al mercado una versión puyoliana de Operación, el juego del paciente al que se le enciende la nariz roja. Él ha pasado 25 veces por el quirófano. Como su padre o su hermano, como usted, ha dado el callo toda la vida. Sus amigos dicen que seguirá así hasta el final de sus días azulgrana. Además del callo, ahora también da biberones. Sin máscara. Sin ella, los tópicos sobre él se desmigan.

El jugador al que todo el mundo cree serio, adusto, cortante, distante, huidizo, es próximo, cariñoso, samaritano, muy protector. Sus amigos, los que lo han visto crecer y hasta una de sus exnovias lo certifican. Puyol dijo el pasado martes que la próxima temporada dejará de vestir de azulgrana. Soltó el discurso y se liberó. Un día de esta semana apagó el móvil y se fue a cenar con su compañera, la modelo Vanesa Lorenzo, que ha abierto una nueva etapa en su vida y más tras el nacimiento de su hija Manuela. “La primera vez que dices ‘el Puyol dando el biberón y cambiando pañales’, casi que no te lo crees”, se ríe una de sus sombras, contento por ver la “estabilidad” emocional de su amigo. “Intenta llegar antes a casa. Dice: ‘Me espera la mujer, que toca bañar a la niña’. Ayuda todo lo que puede’, agrega este amigo que vio al jugador este jueves: “Está muy bien”. Cuando conoció a Vanesa Lorenzo, Puyol se quedó prendado hasta el punto que supo que sería su amor.

Puyol ha sido fiel a su lema de “querer es poder” y a su gente de siempre, Ramón Sostres, su agente y Javi Pérez, Javilín, amigo inseparable desde párvulos. “Es muy cariñoso, pero cuando le falla alguien en quien confía… él viene de un mundo en que cuando los hombres se dan la mano, ya hay acuerdo, igual que su padre cerraba tratos a la hora de comprar animales o máquinas”.

¿Tiene algún defecto? “Sí, uno”, apunta Ángel Fernández, empresario, candidato a la presidencia del Barça en los noventa y amigo del jugador. “No sabe dosificarse, da el 100% de lo que tiene. Me parece que lo que ha hecho esta semana es un acto de honradez, regala al club dos años de contrato. A Puyi, si lo conoces, lo quieres. Siendo una estrella, es normal y eso tiene un valor incalculable. Si de Iniesta dicen que es el yerno que todos querrían tener, Carles es el hermano”.

El empresario desvela un pequeño secreto: “Hace dos años sufrí un cáncer, nadie se puede imaginar el cariño, el trato que me dispensó, para él lo importante es que los amigos estén bien y no defrauda”. Nadie, tampoco Fernández, sabe decir si, como se ha rumoreado, Puyol puso dinero en el tratamiento médico del malogrado Miqui Roqué, jugador que murió en 2012. “No lo sé, no me extrañaría”, dice un allegado. Lo que sí se sabe es que está involucrado en campañas benéficas pero en las que pide no figurar.

Al final, los hospitales forman parte de la biografía de uno: en la de Puyol más. y no sólo por sus operaciones. En 2010, un bombero, hermano de una amiga muy próxima, resultó gravemente herido en el trágico incendio de Horta de Sant Joan donde murieron cinco bomberos. “Eso fue antes de la gira del 2010, salía del entrenamiento y se iba al Vall d’Hebron, dejó un piso a la familia para que estuviera en Barcelona. Y les visitó cada día hasta que no tuvo más remedio que irse con el equipo”, dice un conocido.

Hay aspectos de Puyol -su distancia brechtiana- que desaparecen en el cara a cara, pero hay otras que no: siempre fue un ermitaño. “Un año estábamos de vacaciones en Eivissa y ya se sabe -bromea Fernández- que te vas a dormir tarde, te levantas tarde… Él a las once estaba en la cama. Y mucho antes de que nos levantáramos, ya se estaba bañando porque dos horas antes de eso había estado haciendo footing, y repito: estaba de vacaciones”.

Tal vez porque al inicio de su carrera sufrió mucho ante la falta de títulos y la tensión en el club, tal vez por sus genes espartanos -“un trabajador genético, como su padre”, le retratan-, tal vez porque Puyol siempre ha sabido (y dicho), que con su técnica no marca diferencias, pero con su arrojo sí, el jugador ha tenido una vida social mínima, casi anónima. De ahí ha saltado a las revistas del corazón. “Como siempre ha sido superprofesional, su vida social era muy escasa. Se pasaba mucho -le critica con cariño un buen amigo-, no habría pasado nada si hubiera salido a cenar algún día…”. Con los años, el jugador se ha tomado su eremitismo con más calma.

En su casa hace años, solía haber dos teles (una para el fútbol, la otra para el resto) y eso fue un handicap para alguna de sus relaciones. “Agnès tiene mucha paciencia”, decía el jugador de su pareja de entonces, viajando sin parar. Agnès se apellida Comas, es consultora de comunicación, y asegura que, con ella, Puyol “también tenía paciencia”. Estuvieron juntos once años y por su tono, debe de haber pocas personas tan orgullosas del futbolista: “Dicen que la suerte es para los que la buscan con valentía e ilusión, y no conozco a nadie que haya luchado tanto para lograr su sueño como lo ha hecho Carles”.

Comas reconoce que el jugador “fue valiente en los inicios cuando recibía noes, valiente pensando antes en el equipo, o ante obstáculos insuperables para otros y más valiente aún en su adiós”. Raymond Chandler dejó escrito en El largo adiós: “Decir adiós es como morir un poco”. La cita es bonita, pero para Puyol tal vez no sirva. Con su adiós está más vivo que nunca.

 

La rubia diseñadora

Una mujer es muchas mujeres es el discurso con el que Vanesa Lorenzo (Badalona, 1977) triunfa con una buena colección de prêt-à-porter que se vende hasta en Tokio. El suyo ha sido un nada anecdótico salto de la pasarela al diseño que confirma su desapego al egobloguerismo aunque en su día (y con sólo 1,70 de altura) fue el fichaje estelar de Dior o Armani. Su vuelta a escena es reciente pero impactante. ¡La ex del ex de Belén Rueda (porque, en efecto, fue pareja del capitoste de Globomedia, quien a su vez vivió 15 años con la actriz) se enamoraba de un Puyol que también luce noviómetro propio! Sus últimas ex, Malena Costa y Giselle Lacouture, niegan de lo de “ellos las prefieren rubias pero se casan con las morenas”. / Margarita Puig

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