Diagnóstico agridulce del FMI

EL Fondo Monetario Internacional (FMI), en sus nuevas previsiones de primavera, se muestra más optimista sobre la economía española y eleva la perspectiva de crecimiento para este año desde el 0,6% hasta el 0,9% del producto interior bruto (PIB), en línea con las estimaciones de la Comisión Europea y del Gobierno, que han previsto un 1%. Es una noticia positiva que haya consenso sobre la mejora de la recuperación económica en nuestro país, que será similar a la de Italia y Francia, pero muy inferior a la de Alemania (1,7%). Ese mayor crecimiento será debido al dinamismo exportador y a un ligero repunte del consumo, pero apenas se notará en la mejora del desempleo.

En el apartado de riesgos que pueden complicar el futuro, el FMI es mucho más explícito. El primero es el elevado paro, cuya tasa se mantendrá por encima del 25% y frenará un mayor crecimiento futuro. El segundo es la cada vez más cercana posibilidad de deflación, algo que dificultará mucho más el pago de la deuda (pública y privada), con los consiguientes efectos negativos en el conjunto de la economía. El tercero es el impacto que el menor dinamismo de Latinoamérica pueda tener en las compañías españolas, muy presentes en ese continente. Y, el cuarto, es la sospecha del gran stock de acreedores dudosos que pueda tener la banca española -al igual que el sistema financiero del resto de otros países frágiles, como Francia, Italia, Portugal, Grecia e Irlanda-, lo que supone una amenaza para la solvencia y para la normalización del flujo de crédito. Por ello, con respecto a este último punto, aconseja estar atentos a los resultados de las próximas pruebas de estrés a la banca europea.

La situación por tanto, a juicio del panorama que dibuja el FMI, es inestable. Lo más paradójico es que la superación de todos los riesgos citados no depende tanto de lo que pueda hacer el Gobierno y el conjunto del país, salvo no bajar la guardia del ajuste y de las reformas, como ya hace, sino que está en función del Banco Central Europeo y de Alemania. Por ello, el FMI exige a Mario Draghi una mayor expansión monetaria -con garantías de que se restablezca el crédito a empresas y familias- y reclama a Alemania mayores inversiones en obra pública, rebajas fiscales y liberalización de ciertos sectores para dinamizar su economía en beneficio del resto de Europa. Sólo de esta manera se propiciaría un mayor crecimiento en España, y en el resto de países europeos en dificultades, y se disolverían buena parte de los riesgos citados. Pero ni el BCE -de momento- ni Alemania parecen estar por la labor.

Leer más: La Vanguardia

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