Y ahora, mano tendida

Escenario después del debate. Una votación contundente contra la celebración de la consulta catalana, una evidente decepción -en Catalunya- respecto a las posibilidades de pacto o acuerdo a corto plazo, y una saludable corrección formal, en los tonos y en los contenidos de la gran mayoría de los discursos, que deja las puertas entreabiertas. Como titulaba ayer nuestro diario, la de ayer fue una ocasión perdida. Lo lamentamos, pero también debemos constatar que las posibilidades de diálogo y futuro entendimiento no han sido canceladas. Hay línea de trabajo posibles. Podían haber sido trazadas con mayor claridad, pero existen. 

Queda claro que todos los partidos, especialmente las dos principales formaciones políticas españolas, acudieron al Congreso con la mirada puesta en las elecciones europeas del 25 de mayo. No deja de ser significativo que ayer mismo, cerrada, aparentemente, la carpeta de la consulta catalana, el Partido Popular anunciase, por fin, el nombre de su cabeza de lista a las elecciones europeas. Mariano Rajoy acudió al Congreso con un mensaje pensado para evitar nuevas fisuras en el electorado de centroderecha. Dicho en pocas palabras, además de afirmar una posición de principios y enumerar los argumentos jurídicos elaborados por la pléyade de abogados del Estado que le asesoran, Rajoy hizo todo lo posible para taponar las fugas electorales que pudiesen venir propiciadas por el pleito catalán. UPyD cayó de bruces en la añagaza. La torpeza y el mal estilo de la diputada Rosa Díez fueron destacables. 

Alfredo Pérez Rubalcaba actuó en una misma longitud de onda, con voluntad de afianzarse como el dirigente necesario para una situación altamente compleja. Un dirigente del cual el PSOE difícilmente podrá prescindir en los próximos meses. Sin duda alguna, la convergencia PP-PSOE -desde posiciones distintas y distantes- es un factor de alcance. Del debate también cabe destacar la actitud proactiva del Partido Nacionalista Vasco, muy atento al escenario catalán. 

¿Y ahora qué? Seguir con la mano tendida. En una intervención serena y mesurada, Artur Mas anunció la misma noche del martes que el Govern de la Generalitat mantiene abierta la disposición al diálogo, sin que ello signifique renunciar al mandato del Parlament de Catalunya, a la vez emanado de las urnas. El president Mas insistió ayer en esta línea en el Parlament, pidiendo al presidente del Gobierno “día y hora” para un eventual diálogo entre las dos partes.

Inmediatamente después de las elecciones europeas se abrirá una ventana de oportunidad que no debiera ser desaprovechada. Aunque les falte concreción y trazo, algunas líneas comienzan a estar trazadas y las reiteradas referencias del presidente del Gobierno a la reforma constitucional no pueden ser consideradas una mera formalidad retórica a ocho semanas de unas elecciones. Cada vez hay más gente en la avenida de la reforma de la Constitución. Una reforma que podría quedar acotada a unos pocos artículos, con una nueva disposición adicional que reconozca la nacionalidad catalana, blinde sus competencias y destierre -para siempre- las tentaciones de batalla contra la lengua y la cultura catalanas. Esta propuesta, esbozada por Josep Antoni Duran Lleida en su intervención en el debate parlamentario, compartida ayer en Barcelona por el jurista Manuel Herrero y Rodríguez de Miñón, es una línea de trabajo altamente interesante.

Leer más: La Vanguardia

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