Vuelve la maxifalda

Artículos | 16/04/2014 – 03:02h

Quim Monzó

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Los Mossos de la comisaría de La Jonquera han detenido a cinco personas por robar siete jamones de un supermercado de El Pertús. Dos mujeres se las ingeniaron a fin de que no las pillasen y cogieron los jamones y los escondieron bajo sus faldas. Mientras, tres hombres distrajeron a los trabajadores del comercio pero uno de los responsables, gracias a las cámaras de seguridad, los identificó y, más tarde, se les detuvo”. Tal cual lo explica el Diari de Girona y basta leer el tipo de indumentaria de las mujeres para deducir de qué nacionalidad y etnia eran. Pocas mujeres van hoy día con faldas largas. Los cinco tienen entre 25 y 37 años, son todos de nacionalidad rumana y viven en Marsella. Han quedado detenidos como presuntos autores de un delito de robo. Según explican los agentes de La Jonquera, las faldas llevaban fundas en su interior, para ir metiendo jamones de forma que no se notasen mucho. Por lo tanto, aunque al final la cosa no les saliese bien, el uso de faldas largas, habitual en este tipo de rumanas, era en principio una buena idea. Como era previsible, el juzgado de instrucción de guardia de Figueres decretó en seguida que quedasen en libertad; con cargos, eso sí.

Es evidente que, si escondes jamones bajo una falda corta o que llegue a la altura de la rodilla, se verán y, según cómo tengas los muslos de gruesos, incluso crearán una redundancia. Por eso, para ese tipo de acciones, no van muy bien las minifaldas, que inventó Mary Quant en los años sesenta, subiendo el límite inferior de las faldas hasta niveles inimaginables hasta entonces. Luego, como siempre pasa, en los años setenta el péndulo fue hacia el otro lado y durante bastante tiempo hubo lo que llamaban maxifaldas (e incluso maxis), que de hecho eran simples faldas largas, hasta el tobillo, pero floreadas y con muchos colorines, por lo del hippismo y las happy flowers.

A falta de faldas, la mejor pieza para esconder objetos robados son los jerséis. En la película Animal House, dirigida por el grandísimo John Landis, hay una escena en un súper donde uno de los protagonistas llena de alimentos para una fiesta el jersey del otro (un tipo apocado), hasta que el tejido está a punto de reventar. Cuando yo era jovencito, a mi madre –que se pasaba el día cosiendo y haciendo media– se le ocurrió hacerme un jersey grueso, de color azul, de aquellos que llamaban canguros. Se llamaban canguros porque, aunque aparentemente había dos bolsillos –uno a la derecha y el otro a la izquierda, obviamente–, de hecho era uno solo porque se comunicaban por dentro y, por ejemplo, podías poner una mano por una abertura y la otra por la otra, y cogértelas. No pueden imaginarse lo eficaces que eran aquellos canguros en ciertas circunstancias para meter, en aquel bolsillo con dos bocas, uno, dos e incluso tres libros, y salir de la librería como si tal cosa.

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