Astrónomos españoles reescriben cómo influye el polvo en la luz que llega de las estrellas

Nebulosa 30 Doradus

MADRID, 16 Abr. (EUROPA PRESS) –

   Un estudio realizados por un equipo de investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha confirmado las limitaciones que presentan las leyes, creadas en 1989, sobre la influencia del polvo en la luz que llega de las estrellas. Gracias a este trabajo, desarrollaron una versión actualizada que, por ejemplo, reduce a un tercio los errores en la determinación de temperaturas.

   Según han explicado los autores, los resultados de las nuevas leyes se acercan a la precisión de los que se obtienen gracias a la espectroscopía, que se mantiene como el mejor método para estudios detallados. “Sin embargo, gracias a este trabajo podemos obtener estimaciones de temperatura aceptables mediante fotometría, con la ventaja de que esta técnica permite estudiar más objetos por unidad de tiempo”, ha apuntado el científico Jesús Maíz.

   La investigación llega en el momento oportuno, ya que unas leyes de extinción limitadas impiden explotar la gran calidad de los datos que obtienen los instrumentos actuales, como el telescopio espacial Hubble.Además, se espera que el futuro próximo sea una época de auge para los sondeos fotométricos masivos, como la misión GAIA, que observará mil millones de estrellas de la Vía Láctea, para los que este trabajo será clave.

   Conocer las propiedades de una estrella podría ser tan sencillo como tomar una imagen y medir su brillo (lo que se conoce como fotometría) si el medio que atraviesa la línea de visión fuera transparente. Pero el medio interestelar se halla salpicado de polvo, que absorbe y dispersa la luz y provoca que los objetos parezcan menos luminosos y más rojos –o fríos– de lo que en realidad son. Un efecto que, con un trabajo que acaba de publicarse, por fin puede corregirse de forma eficaz.

   “En la longitud de onda de la luz que ven los ojos, de cada billón de fotones emitidos por una estrella en el centro de la Vía Láctea solo uno consigue alcanzarnos”, ha explicado Maíz. “Este es un ejemplo extremo de cómo el polvo afecta a la luz de las estrellas, un fenómeno que se produce con menos intensidad pero sin excepción en todos los entornos”, ha añadido.

   Así, en todas las observaciones astronómicas deben corregirse los efectos del polvo antes de intentar extraer las características de un objeto. De ahí que sea tan importante esta renovación de las leyes de 1989.

UNAS LEYES NUEVAS PARA UN PROBLEMA ANTIGUO

   Para llevar a cabo esta reescritura, el método ideal residía en disponer de un grupo de objetos cuyas características (brillo, temperatura…) se conocieran de antemano de manera fidedigna mediante espectroscopía y compararlas con las que aporta la fotometría sometida a la corrección con las leyes de extinción tradicionales. Así, cualquier desviación permitiría detectar los errores y corregir las leyes.

   “Necesitábamos datos perfectos para una muestra de objetos idóneos, y la hallamos gracias al sondeo VLT-FLAMES, un proyecto del Observatorio Europeo Austral (ESO) centrado en la nebulosa 30 Doradus, o nebulosa de la Tarántula, situada en la Gran Nube de Magallanes”, apunta Maíz.

   Los investigadores, que comenzaron este trabajo hace seis años, y que ahora ha sido publicado en ‘Astronomy & Astrophysics’, partieron de una primera muestra de mil estrellas y la redujeron hasta ochenta y tres objetos “idóneos”.

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