El escándalo de las donaciones a los partidos antes de las elecciones

El  ÚLTIMO informe realizado por la Udef para el juez Ruz relacionado con la investigación de los papeles de Bárcenas revela que muchas empresas efectuaban donaciones en negro al PP en vísperas electorales. Se trata de una práctica perversa, pues supone insuflar dinero a un partido cuando más lo necesita -por tanto, cuando es más influenciable- y que va a utilizar para sacar ventaja ilícita, pervirtiendo la limpieza democrática. Puesto que la ley impone un techo de gasto en las campañas, esos ingresos no se habrían llevado presuntamente a la contabilidad oficial. Según los indicios y las declaraciones del ex tesorero, el dinero pasaba a engrosar la caja B del PP, de forma que la formación podía gastar más de lo oficialmente permitido.

Está claro que si las empresas hacían sus aportaciones mayoritariamente en esas fechas no es por casualidad. Lo más revelador del trabajo de la Udef es precisamente que ésa era la forma sistemática de proceder. La semana pasada ya informamos de que los agentes habían constatado que todas las empresas que supuestamente entregaron fondos al PP recibieron adjudicaciones de administraciones públicas gobernadas por ese partido. Se trataría así de la forma de devolver el favor, algo prohibido por la ley. De cualquier forma, los funcionarios advertían en sus conclusiones de la dificultad a la hora de poder demostrar ese vínculo entre los ingresos anotados por Bárcenas y concretas adjudicaciones a las empresas donantes.

Ayer se hizo pública la transcripción de la declaración del ex tesorero del PP en su última comparecencia en la Audiencia Nacional. En ella, dijo que las donaciones en campaña son algo habitual en todas las formaciones políticas. «Vamos a ver… la realidad es que en cualquier provincia, en cualquier región de cualquier partido hay donaciones, especialmente cuando son campañas de índole municipal y autonómica (…) No se salva ningún partido, absolutamente ninguno». Bárcenas estaría así confirmando lo que es un secreto a voces: la generalización de los donativos y el uso de dinero negro por parte de los partidos en las campañas. «La gente es especialmente generosa en esos momentos», remató el ex tesorero del PP con cinismo.

Por eso, en nuestras 100 propuestas para la regeneración democrática reclamábamos un mayor control de la financiación de los partidos, empezando por la obligación de publicar la identidad de quienes hicieran aportaciones voluntarias. La iniciativa legislativa que impulsa el Gobierno para luchar contra la corrupción recoge en parte ese planteamiento, pero establece que las fundaciones de los partidos podrán recibir donaciones sin límite en la cuantía. Es un error que se debería subsanar. El Tribunal de Cuentas ha detectado, por ejemplo, que sólo en 2007 CiU cobró más de dos millones de euros de manera no justificada de dos de sus fundaciones.

El trabajo que ahora conocemos de la Udef, además de establecer una relación directa entre las aportaciones de empresarios al PP y los comicios, refuerza la credibilidad de los papeles de Bárcenas y estrecha, por ello, el círculo sobre los populares. Pero también muestra a las claras el escándalo de una práctica como la donación a los partidos que debería estar mejor regulada.

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