La herencia suiza de Don Juan, el precedente de los ‘papeles de Panamá’ para la Familia Real

Las cantidades que correspondieron al Rey se ingresaron a través de...

“Los papeles de Panamá” no es el primer episodio que pone en duda si miembros de la Familia Real cumplen con sus obligaciones fiscales

HEMEROTECA: Don Juan murió rico

La Agencia Tributaria investiga si Pilar de Borbón -y otros implicados en los llamados Papeles de Panamá-, ha incurrido en un delito de fraude fiscal no prescrito. No es la primera vez que recaen dudas sobre miembros de la familia real española acerca del cumplimiento de sus obligaciones tributarias, ni tampoco la primera que se les relaciona con fondos en el extranjero. Sucedió en abril de 2013, después de que EL MUNDO desvelara en su suplemento CRÓNICA la polémica herencia que Don Juan de Borbón, el abuelo de Felipe VI, dejó a sus tres hijos en Suiza tras su fallecimiento en 1993. Se trataba de tres cuentas con unos saldos totales de 7.955.775 francos suizos (728,75 millones de pesetas al cambio de entonces -91,6 pesetas- cuando aún no existía el euro) que principalmente se repartieron el Rey Juan Carlos y sus hermanas Pilar y Margarita. Las cantidades que se le asignaron a cada uno fueron igualmente depositadas en cuentas en el extranjero: a Don Juan Carlos le correspondieron 4.100.744 francos suizos (375,6 millones de pesetas) que se ingresaron en una cuenta en Ginebra; a la Infanta Margarita, 172,3 millones de pesetas, que también fueron depositados en una entidad helvética; y a la Infanta Pilar, el equivalente a 131,4 millones de pesetas, que fueron convertidos en dólares y enviados J.P. Morgan en Nueva York.

Tras la publicación de estas informaciones, varios partidos –PSOE, IU, UPyD, elBNGpidieron repetidamente explicaciones al Gobierno sobre si el Rey Juan Carlos tenía alguna cuenta abierta en Suiza y si los hijos de Don Juan habían declarado a Hacienda el dinero recibido. El Congreso de los Diputados sólo aceptó una de estas cuestiones, una pregunta neutra formulada por el PSOE. “¿Qué información puede el Gobierno facilitar acerca de la noticia aparecida en el diario EL MUNDO en su edición del 31 de marzo de 2013 respecto del patrimonio que habría dejado en herencia el conde de Barcelona a su fallecimiento?”. A día de hoy,aún no ha obtenido respuesta.

Las explicaciones de Zarzuela sobre la herencia suiza llegaron tres meses después de nuestra publicación. A través de un portavoz, se decía a este diario que el Rey Juan Carlos gastó su parte de la herencia en pagar “obligaciones y deudas contraídas por los condes de Barcelona”, así como en “gastos determinados”. Se añadía que el dinero “nunca fue transferido a España” y que Don Juan Carlos ya no poseía ninguna cuenta en el extranjero porque había cancelado la de su padre en 1995. No se incluyó en estas aclaraciones si Don Juan Carlos era el titular de la cuenta donde se ingresó su parte de la herencia -la número 10031 de Sogenal, en Ginebra- , ni si también se cerró este depósito. Tampoco se ofreció información alguna sobre las cuentas de las Infantas Pilar y Margarita. Respecto a la tributación por la herencia, Zarzuela decía no tener constancia documental de que se pagaran los impuestos, pero aseguraba tener “el convencimiento” de que “los albaceas sí lo hicieron”.

Don Juan -quien no murió pobre, como se pensaba hasta entonces, sino que dejó una fortuna valorada en 1.100 millones de pesetas, incluyendo propiedades inmobiliarias- poseía tres cuentas en Suiza. La de mayor saldo -la número 28.668-2L4B de la S.B.S, siglas de la Sociète de Banques Suisse- estaba depositada en Lausanne, la ciudad donde los condes de Barcelona y sus hijos residieron durante parte de la II Guerra Mundial. A la muerte de Don Juan esta cuenta tenía un depósito de 3.577.851 francos suizos (327,7 millones de pesetas). La documentación sobre la tramitación de la herencia de Don Juan que obra en poder de este periódico prestaba especial atención a este depósito, al que se denomina “de usufructo”. Todo indica que se trataba de la cuenta de socorro abierta por Alfonso XIII que mencionan varios biógrafos: un depósito creado por el abuelo del Rey Juan Carlos para suministrar fondos a la Familia Real en caso de dificultades. El conde de Barcelona la habría heredado con 27 años, tras la muerte de Alfonso XIII en febrero de 1941.

El dossier sobre el legado de Don Juan le dedicaba especial atención a este depósito. De él decía: “Si bien no existe imperativo legal para que la cuenta “usufructo” continúe, siempre fue deseo de S.A.R. el conde de Barcelona que se mantuviera para el futuro esta situación y, por tanto, S.M. el rey y S.A.R. el príncipe de Asturias desean, y a nuestro juicio moralmente deben hacerlo, continuar con el mismo procedimiento”, sugerían los albaceas del testamento. “De los restantes saldos, debe tomarse el acuerdo de no repatriar oficialmente ninguna cantidad, por cuanto de una parte no son cantidades de relieve y podrían crear sin embargo el beneficio de la duda sobre la existencia de cifras mayores. La imagen y prestigio de S.A.R. el conde de Barcelona podría quedar afectada, ya que de todos ha sido siempre conocida la inexistencia de una fortuna o recursos importantes», añadía.

Pese a estas recomendaciones, la cuenta de usufructo fue prácticamente vaciada. Su especial naturaleza explicaría que, según la documentación, el grueso del saldo pasara al control del entonces jefe de la Casa Real, Don Juan Carlos. En octubre de 1993, cuando se ejecutó el reparto, ya no era de tres millones sino de 2.766.312 francos suizos, porque, entre otras cantidades, se retiraron los 50 millones de pesetas con que Don Juan mejoró la herencia de la infanta Margarita, nacida invidente. A beneficio de Don Juan Carlos estaban anotados 2.500.000 francos suizos -229 millones de pesetas de 1993- de esta cuenta, en la que se quedó un remanente de 226.000 francos suizos.

Este depósito “de usufructo” fue también motivo de diferencias entre el Rey Juan Carlos y el Príncipe Felipe, según recoge José García Abad en Don Juan, náufrago de su destino. Cuenta García Abad que Alfonso XIII dejó dispuesto que, al morir Don Juan, esa cantidad de usufructo pasara “a la persona que en ese momento estuviese llamada a ser rey en su día, o sea, el Príncipe Felipe. Don Juan Carlos reclamó ese dinero, que a lo largo de 60 años había engordado considerablemente, argumentando que Alfonso XIII no podía imaginarse que él iba a ser rey antes que su padre”. Finalmente, Don Felipe y Don Juan Carlos recurrieron al entonces conde de Gaitanes, Luis de Ussía, administrador del patrimonio de Don Juan, como árbitro. “Así que Gaitanes se reúne con el Rey y el Príncipe para dirimir el conflicto y sugirió la solución salomónica: que se repartieran el dinero a partes iguales”, escribe García Abad.

Al margen de este depósito especial, Don Juan dejó otras dos cuentas en Suiza. Una segunda en Lausanne con un saldo de 1.622.324 francos suizos (148,6 millones de pesetas) y la tercera domiciliada en Ginebra con 2.771.400 francos suizos (253,8 millones de pesetas). Estos depósitos se repartieron a partes iguales entre los tres hermanos, con la salvedad de los 55.000 francos suizos que las infantas Pilar y Margarita abonaron a Don Juan Carlos en concepto de “derechos reales”, según la documentación. Las cantidades que correspondieron a Doña Margarita, como las de Don Juan Carlos, fueron ingresadas en dos cuentas en Sogenal, en Ginebra. Las de la Infanta Pilar, a la que ahora se investiga por los “papeles de Panamá”, cruzaron el Atlántico para acabar en Nueva York.

Fuente: El Mundo

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