¿Panamá o la incoherencia?

05/04/2016 10:17

Al menos 1.200 sociedades, 558 accionistas, 166 intermediarios y 89 beneficiarios con dirección española. Los listados de Mossack Fonseca. Sólo un puñado de casos entre miles internacionales; de sólo una firma de asesoría de las cientos que operan en paraísos; sólo una anécdota entre todos esos despachos que en un momento dado figuran en alguna inspección, pero que, por el camino, operan durante décadas prescritas administrativa y penalmente. Y firmas que surgen básicamente porque la enorme diferencia existente entre las cada vez mayores exigencias tributarias de los países occidentales y la casi nula fiscalidad de países como Panamá hace rentable correr el riesgo de ser cazado.

Esa es nuestra hipocresía. Ni uno solo de los sistemas fiscales occidentales prohíbe el uso de paraísos fiscales. Se exige declarar el movimiento y rentabilidad del dinero. Pero no se prohíbe. En el caso de Panamá, ni siquiera está ya en la lista de paraísos. Pero todos nos rasgamos las vestiduras cuando leemos que alguien invierte en ellos. ¿Alguien pensaba que los cientos de bancos y firmas que abarrotan sus calles eran un decorado del Oeste?

Ningún país los prohíbe porque los dirigentes occidentales son los primeros conscientes de que, con la brutal carga tributaria existente, si se cerrasen las vías de escape no saldría un inversor por la gatera. No: saldrían cientos por la autopista. Porque el primer país que anuncie una restricción será el primero en ver cómo sus calles sí se quedan como un decorado de cartón piedra.

Y cada cierto tiempo se nos lanza un caso descubierto -y, por cierto, en su mayoría prescrito- como carnaza para que pensemos que hay una cruzada contra los paraísos: territorios que captan dinero porque es legal invertir en ellos con tal de declararlo. Y permitidos por las distintas legislaciones nacionales porque si muchas de las empresas que se benefician de ellos tuviesen que pagar el cien por cien de la fiscalidad oficial no sobrevivirían a la competencia global.

Pero el resultado es posiblemente el peor de los imaginables. Porque la hipocresía ha llevado a crear un régimen de baja tributación sólo accesible a quienes pueden pagar un montaje como el de Mossack. Un esquema opaco que aprovechan empresas y otros que no son empresas pero también pueden costearlo, incluido el crimen organizado y grupos terroristas. Pero no se preocupen. Revisen los programas electorales. Y verán como todos siguen diciendo que los paraísos son muy malos.

Fuente: El Mundo

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