La junta de Freixenet termina a gritos

Vista de la entrada a las bodegas Freixenet, en el Penedés.

 

Los propietarios de las cavas catalanas vuelven a reunirse por cuarta vez en dos semanas bajo un clima de tensión por la venta de la compañía

 

Las reuniones de las sagas propietarias de Freixenet no paran de sucederse desde la llegada de Henkell, el invitado alemán a una fiesta familiar que tiene todos los números para terminar como el rosario de la aurora. Este lunes se volvieron a reunir, esta vez en una junta de accionistas en la que quedaron claras unas malas relaciones incrementadas por la batalla por la venta de la compañía.

Con la oferta de la multinacional Henkell sobre la mesa, se volvieron a reunir por cuarta vez en dos semanas los accionistas de Freixenet: las familias Ferrer Noguer, propietaria del 42%, los Bonet Ferrer y los Hevia Ferrer, con un 29% cada rama. El hermetismo sobre el contenido de la reunión se impuso después de las últimas filtraciones, pero los protagonistas no pudieron evitar que sus desavenencias se hicieran evidentes.

Ausencias

La junta estaba convocada a las 10 de la mañana y se alargó hasta la 1 y media del mediodía, y no acudieron todos los protagonistas. Faltaba uno de los hermanos Bonet, Pedro, director de Comunicación y presidente del Consejo Regulador del Cava, y uno de los Ferrer, José María, que se encarga de las bodegas en Australia.

Como en alguno de los consejos de administración o comisiones ejecutivas de las últimas semanas, hubo tensión entre los principales representantes de las ramas Ferrer y Hevia, pero también con José Luis Bonet. Para el presidente de la compañía, uno de los más neutrales, este proceso está siendo un auténtico mal trago.

Los gritos de Bonet

La relación entre Pedro Ferrer, consejero delegado de Freixenet, y Enrique Hevia, vicepresidente y director financiero, es casi inexistente. Hevia es el mayor interesado en vender por los desacuerdos sobre la gestión de los Ferrer, que quieren comprar. Pero Hevia a quien quiere vender es a Henkell, cuya oferta llegó de la mano del vicepresidente.

Hevia convenció a los Bonet para vender, pero con José Luis le costó, y parece que el presidente lo está viviendo con mucha tensión, con gritos en la junta que no son habituales, y más teniendo en cuenta que el papel de los Bonet es el menos protagonista. Ni dieron el paso de buscar una venta ni pretenden comprar: están en medio.

Aunque quizá por ello las miradas están posadas en ellos, porque de su decisión depende que triunfe o no la oferta de Henkell. La oferta de la empresa alemana está sujeta a que sea aceptada por al menos un 50% de las acciones. Con el 29% de los Hevia en el bolsillo, la multinacional necesita a tres de los hermanos Bonet. Pedro y Eudald darán el paso y Hevia está presionando a José Luis para que él y su hermana Pilar hagan lo mismo.

La familia se divide en el almuerzo  

José Luis Bonet estaría por la labor de vender, según explicaron a Economía Digital fuentes conocedoras de las negociaciones, pero este lunes protagonizó un nuevo acercamiento a los Ferrer. Aunque siempre ha sido el más cercano a la saga mayoritaria de Freixenet, llamó la atención que José Luis se fuera a comer con José Ferrer, presidente de honor y único miembro con vida de la segunda generación, y sus hijos Pedro, Dolores y Mercedes.

A pesar de que estaba previsto que, como en alguno de los últimos consejos de administración, almorzara toda la familia junta, el resto de hermanos Bonet y las hermanas de Enrique Hevia no se quedaron a la comida familiar. Hevia era el único que excusó antes su no asistencia ya que le esperaban en el Barcelona Open Banc Sabadell, del que el grupo Freixenet es patrocinador con su marca de cava Segura Viudas.

Una batalla de dos  

Henkell presentó hace una semana una oferta por Freixenet, que valora a la empresa en unos 500 millones de euros, aunque se encuentra en fase de due diligence, analizando las cuentas de la compañía para hacer una oferta vinculante. Paralelamente, los Ferrer, propietarios de un 42% de la compañía del que no piensan desprenderse, quieren comprar el resto y preparan una oferta que iguale la de Henkell, lo que, gracias al derecho de tanteo, sería suficiente.

Para presentar la contraoferta, los Ferrer están buscando financiación, pero están teniendo problemas para conseguir los entre 120 y 130 millones de euros que necesitan. El crédito sindicado se encuentra todavía en fase de negociación, pero la banca ha rechazado alguna de las garantías presentadas, ya que pretendían avalar con acciones de la propia empresa.

Fuente: Economia Digital

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