Luz sobre el misterio de la tumba de Aristóteles

El hallazgo de los restos del filósofo en Estagira constituiría un magnifico broche a la celebración de los 2.400 años de su nacimiento.

 

Acapara estos días la atención de los arqueólogos la noticia de que se ha hallado en Estagira, en la costa oriental de la Península de Calcídica, en la antigua Macedonia, la posible tumba de su hijo más famoso: Aristóteles. Ha sido Constantino Sismanidis, trabajador incansable en las ruinas de esta ciudad desde hace muchos años, quien ha lanzado, con laudable cautela, esta teoría, y los datos presentados por él son muy dignos de atención: la tumba sería un pequeño recinto cubierto en piedra, con planta de herradura, fechable por monedas y cerámicas inmediatamente después de la muerte de Alejandro Magno, y situada en un lugar muy concreto: junto al ágora de la ciudad y al lado de las ruinas de un templo. Otro detalle parece añadir importancia al edificio: la buena calidad de las tejas, procedentes de los talleres cortesanos de Pella, capital del reino.

Reconstruyamos el contexto histórico de esta obra: el rey Filipo II destruyó la ciudad de Estagira, pero, al poco tiempo, llamó a su corte a Aristóteles para que se ocupase de la educación de su hijo Alejandro. El filósofo, según relata Diógenes Laercio, pidió entonces al monarca “que restaurase su patria”. Así se hizo, en efecto, en el año 340 a. C., e incluso los antiguos habitantes de la ciudad recibieron permiso para volver a poblarla. Pasados unos años, mientras que su pupilo Alejandro Magno conquistaba Asia, Aristóteles se estableció en Atenas y fundó el Liceo junto con algunos discípulos como Teofrasto, Eudemo, Aristoxeno y otros. Pero, cuando Alejandro murió (323 a. C.), Aristóteles se vio llevado a los tribunales atenienses acusado de impiedad contra los dioses. Temiendo acabar igual que Sócrates, y por la misma razón, nuestro filósofo decidió huir a la vecina isla de Eubea, y allí murió un año más tarde de muerte natural, no sin dejar constancia de sus ultimas voluntades: en ellas mencionaba como herencia para su familia una casa suya en Estagira, lo que demuestra el apego que seguía sintiendo por su ciudad natal.

Sismanidis aporta algunas referencias literarias tardías, que vendrían a demostrar que las cenizas de Aristóteles fueron llevadas a Estagira tras su muerte. Ni siquiera son necesarias: era lógico este traslado, dadas las circunstancias. ¿Dónde reposaron? El edificio descubierto parece, por su forma y localización, en el centro de la ciudad, un templete o heroon destinado al fundador de la polis, y éste no podía ser sino nuestro filosofo. Lo demás es secundario: los dos altares, uno dentro del edificio y otro delante de la puerta, solo nos hablan del carácter religioso del recinto, y difícilmente nos dirán si en el interior de los muros estuvieron en una urna de cobre las cenizas de Aristóteles. Si apareciesen, constituirían un magnifico broche a la celebración de los 2.400 años del nacimiento del filósofo que se están conmemorando en la ciudad de Tesalónica.

Solo nos sorprende un pequeño detalle: la escasa calidad de los muros del edificio, realizados con bloques de piedra inconexos: ¿tan pobre era Estagira a la hora de celebrar la gloria de su fundador?

Fuente: El Mundo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: